jueves, 12 de noviembre de 2015
Lo que no te mata, a veces te hunde...
Todos los que entráis aquí, perded toda esperanza. Una frase del Il Poeta, Dante Alighieri, que se puede extrapolar a la situación y al ambiente que se vive en un antiguo polvorín borbónico, hoy en día, polvorín de lo que es ya una parodia de Almodóvar. “Mas al borde de un ataque de nervios”, podríamos titular este film. Judas Iscariote ha resucitado señores, esta vez, en las filas de JxSí, aunque algunos se apresurarán a decir que es que este Judas, este Caballero Negro, es el único y verdadero líder de la “libertad”. 13 monedas de plata. ¿Recordais esa vieja y trillada historia? Por un simple despacho Mas es capaz de venderse, y por consiguiente, ostentaría el poder en las sombras, nunca debemos engañarnos. Delegará su poder en tres, cuatro, cinco o quinientos querubines negros (siguiendo con esta analogía infernal), y mientras ellos toman decisiones, él se quedará sin ese ansiado poder que aunque se haya vendido, no conseguirá.
Dos votaciones. Y no es investido. Quizás las 13 monedas de plata esta vez no surtan su efecto.
¿Por qué esa analogía anterior? Porque eso es lo que hubiese querido Mas. No lo he puesto en un tono condicional o en un tono de posibilidad porque por mucho que quieran, no saldrá. No conseguirá sus objetivos, porque la obcecación de los miembros de la CUP en no investir a Mas, por ahora está salvando la situación para no caer por el barranco antes de hora. Me sigue sorprendiendo el victimismo que se respira en esa mitad del Parlament que no paraba de aplaudir en el momento que se aprobaba lo que yo llamo “Utopía de los fracasados”. Este proceso no deja de ser el intento desesperado de aquellos que no saben perder, de tener o intentar equipararse a los que saben jugar sus cartas. Es la típica frase infantil de “Mamá, yo quiero ser mayor”. Hay que saber ser mayor, y el problema es que ellos no saben.
Es el quiero, no puedo, pero haré lo que sea para que pase. Les da igual que España sea un país con unas instituciones, con tribunales y unas leyes y principios informadores en los que se basa el saber hacer de la sociedad y que esta misma sociedad ha aceptado para que sirvan de pilares de la vida en común con todo el resto del territorio. Nadie, y repito, NADIE tiene el derecho o la legitimidad de saltarse esas leyes y esos principios “a la torera” porque no está contento con ellos, o incluso si un motivo tan banal como es el dinero es el centro de esa situación. “Poderoso caballero, es Don Dinero”, Quevedo dixit.
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